Dónde se forjó todo

Se abren de par en par las puertas del cremallera que me van a llevar a la Vall de Núria, como si el mismo ferrocarril me diera la bienvenida al valle de la naturaleza, del amor y de la inspiración.

Algo me llamaba para hacer esta escapada a la Vall de Núria. No es mera casualidad.Quiero escribir, y eso hago, con más o menos acierto, pero eso hago, como ahora. Pero quiero hacerlo de la manera más hermosa posible. Quiero comunicar, contar algo, pero no de cualquiera manera. Quiero llegar al corazón como quien quiere alcanzar la cima de una montaña.Voy en busca de una inspiración, escondida desde hace un tiempo, latente.

No sabría decir desde cuando.”¿Por qué no lo sabes? Por qué no la escondí voluntariamente, ella se escapaba cada dos por tres a ese baúl de la timidez; Cuando lo que yo intentaba era tratarla con amor. Seguramente, no le daba suficiente cariño a esa inspiración”.

El ferrocarril sube hasta alcanzar la cota de 2000 metros de altitud. Hago un pequeño rodeo por la zona acompañado de Poncho, calentando un poco las piernas para la salida del día siguiente.

Escribir es una cuestión de perseverancia y constancia, pero no lo hago por obligación, lo sé, como tampoco nadie me dice: “Ves y sube hasta el Puigmal”.

Mi meta no sólo es alcanzar los 2910 metros de altitud, hay algo más.

Caminar al abrigo de estas montañas me transmite naturaleza y armonía. Las diferentes aguas que surgen de los sitios más inesperados fluyen, es fácil ver como siguen su curso; La montaña la observo con deleite y admiración, por que aunque esté allí impasible, también fluye, lo presiento. Pasaron muchos años para convertirse en el guardián de mi alma. A su manera, pero fluye.

Voy subiendo, a mi ritmo, y me voy dando cuenta de ciertas cosas.

Muchas veces es necesario sintonizar con esta naturaleza y armonía, de esta manera la inspiración y el ingenio pueden brotar más fácilmente, todo es más natural. Mágico. Así, puedes fluir y por ende, tengo la sensación que la palabra escrita lo puede agradecer. Así lo siento.

Se divisan unas nubes amenazantes mostrando la nieve caída de la noche pasada, y se agita por momentos un viento helado, revitalizante.

“¿Me estoy acercando al fin del mundo y la única señalización que había decía Puigmal?”

“¿Voy por el camino correcto? No sé, si Poncho sigue adelante, es por algo.”

No es lo más importante llegar a la cima, sí lo es más el grado de pasión y amor que puedo llegar a destilar haciendo lo que realmente me gusta. La quietud con la naturaleza interior en todo su esplendor. Esto va de el cómo lo haces y el porqué lo haces.

Siempre es bueno volver allí, no sé exactamente, pero sí sé, donde una vez se fraguó todo.

Y finalmente, llega el descanso del guerrero:

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